¿Faltan policías locales?

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Algunas verdades incómodas sobre la organización y los sistemas de trabajo de nuestras policías locales

Por Albert Calderó

Casi todos los jefes de policía local de nuestro país tienen guardado en el cajón un pequeño estudio que demuestra que si tuvieran un 5 o un 10 por ciento más de policías en plantilla podrían funcionar muchísimo mejor. Cada vez que el alcalde les pide que hagan un servicio que sale un poco de la rutina, o les critica por haber gestionado mal un incidente, o por los pobres resultados, o por el exceso de horas extras, sacan el estudio y dicen que con unos cuantos agentes más sí podrían funcionar mucho mejor... De esta manera tienen una buena excusa para dejar de hacer muchas cosas que se les pide y para seguir haciendo de la manera de siempre las cosas de siempre.
 
Y tan pronto como consiguen ese aumento de plantilla se apresuran a escribir otro estudio explicando cómo podrían funcionar muchísimo mejor si tuvieran un 5 o un 10 por ciento más de policías en plantilla... y así hasta el infinito.
 
De esta forma los políticos de todos los partidos se han convencido de que faltan policías. Siempre faltan. En todas las elecciones municipales de la democracia, incluyendo las de 2011, en plena crisis, todos los partidos, sin excepción, propusieron aumentar las plantillas de la policía local. Y ahora, después de seis años en plena crisis, la ley de presupuestos prohíbe a todos los ayuntamientos incrementar las plantillas, e incluso prohíbe cubrir las plazas vacantes, excepto en el caso de la policía local, donde se pueden hacer las dos cosas. Esto en un país que, desde hace más de diez años, ¡Tiene el número de policías por cada 1000 habitantes más alto de la Unión Europea! 
 
 
Estas son cifras de Eurostat para varios países de Europa en el año 2010
 

Policías por 1.000 habitantes

Incremento de plantilla 2001-2010 %
España 5,2 27
Turquía 5,0 -2
Italia 4,6 2
Bélgica 3,7 6
Francia 3,3 -9
Alemania 3,0 -2
Reino Unido 2,7 11
Polonia 2,6 -4
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
España tiene la cifra más alta de Europa en policías cada 1000 habitantes; incluso más alta que Turquía, que tiene una casi guerra civil en buena parte de su territorio; y mucho más alta que la de los grandes países de la Unión Europea; pero además, el número de policías ha estado creciendo a un ritmo brutal: entre 2001 y 2010 un aumento del 27%, en claro contraste con los otros países, con crecimientos muy moderados o incluso con reducciones netas.
 
Y no parece que tengamos más seguridad que todos esos países, ni tampoco que tengamos más inseguridad... lo que tenemos es la sensación de que falta policía, ¿Por qué? Pues porque todos tenemos experiencia de incidentes donde la policía no ha aparecido, o ha tardado mucho en aparecer, o no ha sabido resolver el problema.
 
El problema es muy sencillo. No faltan policías. Falta organización de la policía. La inmensa mayoría de cuerpos de policía en nuestro país están organizados según unos principios erróneos, que no han cambiado desde hace casi cien años, y que son una adaptación de la organización de la infantería. En una guerra moderna, desde finales de la primera guerra mundial, la infantería sólo se dedica a ocupar el territorio. Después de que la aviación, los misiles, los cañones y los tanques hayan destrozado al enemigo, llega la infantería y se despliega, de modo estático y permanente, 24 horas al día, 365 días al año; la infantería se limita a estar ahí y a vigilar que no pase nada.
 
Esto hace nuestra policía en casi todas partes: Estar ahí 24 horas al día, 365 días al año. Muchos de ellos encerrados en el cuartel, o bien de dos en dos encerrados en el coche, o bien de cuatro en cuatro de cháchara en una esquina... Estar ahí 24 horas al día 365 días al año garantiza que una gran parte del tiempo de trabajo la policía no tenga trabajo. ¿Qué trabajo de policía hay en una ciudad media de nuestro país muchas noches de invierno entre semana? Los policías en estas horas muertas sin trabajo no tienen más opción que aprovechar el tiempo durmiendo, o bien estudiando carreras universitarias...
 
La culpa no es de los policías. La culpa es de los gobiernos (de todos los colores políticos) y de los directivos públicos que no los gobiernan ni dirigen para nada. Que no les dan trabajo, ni objetivos precisos, ni les dan protocolos ni instrucciones precisas de trabajo. Por eso a todos nos parece que faltan policías, cuando tenemos muchos más que los países de nuestro entorno.
 
La culpa también es de una concepción anacrónica del trabajo policial, que se traduce en un sistema de formación de los policías equivocado. A los policías no se les debe formar con esa lógica de master universitario de barriada, intoxicándoles con temarios jurídicos y de psicología criminal... El trabajo policial es un trabajo profesional de cualificación media, que requiere una formación profesional práctica, de uso de las herramientas del oficio, de entrenamiento de hábitos correctos de relación con el público, y de aprendizaje de habilidades profesionales. De la formación que se les da ahora salen policías con una cabeza como un bombo pero sin saber muchas cosas de lo más elemental del oficio. 
 
Este enfoque erróneo del oficio y de la formación de entrada parte de pensar que el policía es un jurista artesano que debe ir por el mundo y adoptar él solo instantáneamente la conducta correcta ante cualquier incidente que encuentre, comparando los hechos con lo que prescriben las leyes, que en teoría deben saberse de memoria. Es decir, se pretende que un policía, en décimas de segundo y en medio de la tensión del incidente callejero, analice los hechos, los contraste de memoria con la ley (que, por cierto, cambia cada dos por tres), tome una decisión correcta y la ponga en práctica de modo impecable. Se le pide al policía que en unos instantes haga algo similar a lo que hace un juez después de semanas, meses o años de pensar y estudiar los hechos y la ley. ¡Es un disparate!
 
Un agente de policía debe tener bien aprendidos y entrenados un conjunto de comportamientos estándar ante todos los incidentes más habituales, y todos los policías del mismo cuerpo deben reaccionar exactamente igual ante el mismo incidente. Y ante incidentes confusos, inhabituales y no entrenados deben tener derecho de abstenerse de intervenir y pedir instrucciones. No deben ser artistas de la improvisación. Deben ser una profesión uniformada, y no sólo en el vestido, también en la conducta. 
Con el sistema formativo actual lo que pasa después en la realidad es que los policías, cada vez que encuentran un incidente y no saben cómo reaccionar, que es casi siempre, desaparecen tan rápido como pueden. Y hacen muy bien, es la reacción más sensata y menos perjudicial para la sociedad. Pero así siempre creemos que faltan policías, porque a menudo no están cuando se les necesita…
 
El resultado es que tenemos muchos más policías de los que serían necesarios, y muchos más de los que podemos pagar, y a la vez faltan, y nunca están cuando hay trabajo.
 
Hay algunos cargos políticos y directivos de las policías locales que lo están empezando a entender, y están empezando a promover cambios para aumentar exponencialmente la eficacia policial y a la vez reducir algo las plantillas. Pero deberían ser muchos más.
 
 
 

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