Liderar equipos es entender cómo somos

Y tú, ¿cómo eres?
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He conocido a muchos equipos de personas que trabajan bien juntos, y todos comparten un rasgo: se entienden.

Uno de los principales problemas cuando trabajamos con otras personas es creer que todo el mundo es como nosotros. O que debería serlo.

Y no es así; y es mucho mejor que no sea así. Somos cómo somos, y saber cómo somos evita muchos de los problemas del trabajo en equipo.

Por ejemplo, seguro que varios de vosotros sois personas metódicas, ordenadas, organizadoras, laboriosas, puntuales... Personas que, cuando reciben un mail, o leen una publicación como ésta, la leen entera, de principio a fin. Personas que hacen cosas, personas que llamaremos "C".


Pero estas personas C, por poco que hayan trabajado en equipo, saben que muchos no son como ellos.

De hecho, ya saben que hay mucha gente que no lee los mails ni las publicaciones hasta el final o que dice que lo hace "en diagonal".

Y no, ¡no son personas que hacen peor su trabajo! Son personas que tienen otras habilidades, que hacen las cosas de otra manera.

Porque, por ejemplo, hay personas que en lugar de hacer, primero -si les dejan- intentan pensar. Gente que antes de preguntarse "cómo haremos esto", se pregunta "¿qué debemos hacer?" o "¿por qué debemos hacer esto?".

Personas que ante una misma tarea, en lugar de empezar a "hacer cosas", si pueden primero lo piensan, le dan una vuelta, se preguntan... Personas que trabajan bien con ideas, estrategias, valores... Personas a las que les gusta pensar, imaginar, planificar... Personas a las que llamaremos "I", de ideas.


Y claro, las personas de Cosas, si no saben cómo son las personas de Ideas, no creen que trabajen, ¡creen que pierden el tiempo! "¡Esta no hace nada, sólo mira en el techo mientras yo no paro de escribir!".

Y también funciona en el sentido inverso: la persona de Ideas ve cómo la de Cosas se pone inmediatamente a escribir, y piensa: "para picar piedra ya hay máquinas, ¡hay que pensar primero!".

Un poco como la fábula de la liebre y la tortuga, pero tanto la C como la I pueden hacer muy buen trabajo (o muy mal) por igual, ¡sólo tienen maneras diferentes de hacerlo!

Y todavía podemos añadir un tercer grupo, el grupo que seguramente no habrá leído todo este texto hasta llegar aquí, o lo estará leyendo en diagonal.

Añadimos a las personas que entienden el trabajo como una interacción, un diálogo entre el equipo, del que salen las mejores ideas y se hacen las mejores acciones...

Personas integradoras, que hablan con todo el mundo. Que se pregunten a quienes conocen que les pueda ayudar en esto o en aquello. Las llamaremos "P", de personas.


Las personas P son calificadas como "charlatanes" por las laboriosas personas de Cosas, que no entienden que haya que hablar tanto para trabajar. Y son a veces calificadas de ladrones por las personas de Ideas, ya que cuando les cuentan alguna idea, si les gusta la hacen suya -y a veces olvidan su autoría-, explicándola a todo el mundo como si fuera suya.

A su vez, las personas P no entienden la pasión por la burocracia de las personas de Cosas, ni la poca voluntad de ser amigos suyos de las personas de Ideas -o de Cosas! Las personas P tienen muchos amigos, conocidos y saludados, tanto en el trabajo como fuera, mientras que las C y las I no necesitan tanta gente en sus vidas.

Pero los buenos equipos, los que de verdad funcionan, tienen estos tres perfiles: personas de Cosas, de Ideas y de **Personas. Y aún funcionan mejor si cada uno hace lo que sabe y quiere hacer, y no hace de forma obligada cosas que ni sabe ni quiere hacer.

El buen liderazgo de un equipo pasa por entender esto. Por saber a quién preguntar qué. Y entender que no existe ningún perfil malo, que todos se complementan muy bien si se entienden.



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